
Mis nuevos zapatos me molestan. Aún así me gusta usarlos porque son plateados y me encantan. Me asomo por la ventana del Tram y veo un letrero que dice “Place du Cirque”. Es mi parada, me digo, aunque en realidad podría bajar después, es preferible que no, no he compostado el billete, y siempre hay controladores en “Commerce”.
Hice bien en bajarme aquí, estoy más cerca del bar. La noche es húmeda y hace frio. Volteo hacia los lados y atravieso la calle. ¿De qué sirve mirar a los lados?, aquí los carros se paran siempre.
Camino por la “Rue de trois croissants” y mágicamente llego a mi destino : Le Cercle Rouge. Si, era más rápido de esta manera. Guardo el iPod, y me asomó por la ventana. No está quien esperaba ver. Entro y me doy cuenta que hay caras conocidas.
-Salut!
-Salut!, ça va? – No, definitivamente no está quien esperaba ver. Creo que al chico de la esquina le he visto antes en la Fac. Ah, los franceses. El chico Bretón es buena onda, pero el otro, uff, ya me cansé que cada vez que me ve grita como loco ¡México! y después se avienta una cantaleta de palabras en “Español”. Mejor me siento en la barra, les hago una seña, para que se enteren que tomaré algo.
-Un Monaco, s´il vous plaît.
Es lo único que bebo desde que llegué aquí. No entiendo porque siempre vengo a este lugar, por más que me esfuerzo, siento que no encajo.
¿Cómo es que puede haber gente sentada fuera del bar? Con el frio que hace. Ah, por fin se van, es mejor el calorcito ¿no?
Me encanta el Monaco, es tan dulce. Me lo bebo de una vez y veo a través del vaso. Lo he dejado vacio. Si que estaba rico. En ese instante, una mancha oscura y borrosa aparece justo enfrente de mí, fuera del bar, en la calle empedrada. Por un momento pienso que es sólo una impresión, pero no, no es así. Alguien vestido con una larga túnica negra y capucha, mira directamente hacia mí, no puedo ver su cara, tiene una máscara…
-Merde! Salto del banco y me echo al suelo, las ventanas del bar estallan y todos empiezan a gritar.
-C´est le loup garou!
Si tan sólo fuera eso; no puedo creer que dieran conmigo. Salgo por la puerta trasera y corro. Tengo que hacer algo rápido o esto terminará mal. Escucho un par de pasos correr tras de mí. Mierda, quien me manda venir aquí, estoy seguro que es más seguro aprender italiano en casa.
-A ver si... meto mi mano en una de las bolsas y ¡Eureka! Un poco de agua transgresora. La derramo rápidamente, para hacer un pequeño charco. ¡Venga, rápido!, ya está… los oído más cerca, brinco hacia el charco y grito: ¡Casa!
Todo mi cuerpo se sumerge en agua y siento girar como una lavadora. Un golpe secó me saca de la agitación. Estoy totalmente empapado, boca arriba, tiritando de frio justo enfrente de mi cochera.
-Putain!, me hubiera quedado en casa.
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