Mrs. Dalloway Said she would buy the flowers herself…
Esta sencilla frase, me ha puesto a reflexionar en varias ocasiones. Creo, básicamente, que la razón por la cual me inquieta tanto, es por la carga emocional que esta produce en mí.
Creo también que no es sólo es la frase, sino, todo lo que esta representa para mí. Por un lado, la vida de una escritora la cual yo admiro; Virginia Woolf, y por otro lado, el padecimiento que ella vivía; Esquizofrenia, una enfermedad ligada a lo que hago como trabajo.
Es hasta ahora, que después de entender un poco el psicoanálisis, llego a una ligera catarsis. ¿De qué manera, alguien que se siente disminuido frente a su ámbito social, puede, de alguna forma sobresalir, y lograr que los ojos de aquellos que antes le ignoraban o le pasaban de largo se fijen en él?
Nunca he ofrecido una gran fiesta, como la Señora Dalloway, pero si he hecho pequeñas o grandes mutilaciones emocionales, afín de buscar y obtener la simpatía de otros. También he sido soberbio y he dejado muy guardado el tan llevado traje de humilde. He mirado sobre el hombro a varios, y me he hinchado como pavorreal, mostrando mis plumas de colores. Mas, muy seguramente como el pavorreal, también he dejado ver aquello de lo que carezco y de lo que por ende me avergüenzo.
La personalidad narcisista descrita por Freud, describe con asombro, mi pasado y mi presente. Pero Freud, hasta ahora, no me ha explicado cómo entender el corazón humano, sus sentimientos y sus fantasmas.
Y ahora, he decidido dejar otra vez mi realidad, escapo de nuevo a un mundo donde nadie me conoce, donde nadie sabe de mí y donde puedo darme la oportunidad de ser otro o de ser el mismo, o incluso ser una alegoría de lo que quisiera ser. Estoy falto de una costilla. Y busco, no encuentro nada, pero busco, tal como Sabines lo dice.
Vuelo de rama en rama, pero no anido, oigo el canto de los pájaros y el murmullo de la gente al caminar por las calles empedradas. Siento el frio de mi cuerpo, sumergirse en la negra noche, en la constante y displacentera ansiedad.
Todo es hostil, mas no eterno. Fluyo como un rio de colores cálidos y fríos, camino sobre nubes y pensamientos positivos. Y cuando sale el sol, me olvido del monstruo que me despierta todas las mañanas.
Esto es momentáneo, me digo, y vuelvo en mí, o al menos en esa imagen de mi yo utópico, el que sólo vive en ocasiones en mi ser, como mi vecino de enfrente, que va y viene cada dos semanas.
Virginia, me fascinas, pero nunca dejes que tus monstruos me lleven al rio, no me gustaría verme flotando entre los barcos o bajo ese puentecito verde que tanto me gusta. Deja que este loco al fin encuentre su aceptación y se olvide de ojos, bocas y comentarios mordaces.
Que el buen Rogers me escuche, y me refleje, que el niño que vive en mí haga por fin mandalas y que el sol salga siempre como en Mexicali, y me queme, y me diga: ¡Estás vivo!
No hay comentarios:
Publicar un comentario